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“Mañana lo vuelvo a intentar”

Conversamos con María, técnica de dinamización digital en Red ConecTen

Cuando la transformación digital tiene nombre propio

La digitalización suele explicarse desde planes estratégicos, inversiones públicas o marcos europeos. Pero rara vez se cuenta desde quienes están cada semana frente a personas que llegan con miedo, dudas y una mezcla de vergüenza y esperanza.

Para entender qué ocurre realmente dentro de la Red ConecTen, la iniciativa impulsada por el Cabildo para fomentar las competencias digitales en Tenerife, nos sentamos con María, técnica de dinamización digital desde hace tres años.

No quisimos hablar de programación. Queríamos hablar de personas.

 

“Pensamos que todo el mundo domina lo digital… y no es así”

María reconoce que cuando llegó al proyecto no imaginaba la dimensión real de la brecha digital.

En su entorno profesional previo, la tecnología era algo cotidiano. Pero al incorporarse a la Red, descubrió algo que le cambió la perspectiva:

“Pensamos que todo el mundo domina las competencias digitales, pero realmente no es así.”

Y no se refiere únicamente a personas mayores. Incluso los jóvenes presentan carencias cuando se trata de competencias prácticas: gestionar trámites online, organizar documentos en la nube o comprender procesos digitales administrativos.

Sin embargo, donde más se percibe la dificultad es en quienes han tenido menos oportunidades de acceso previo a la tecnología.

“Poder participar en que las tengan es lo maravilloso del proyecto”, explica.

No habla de enseñar programas: habla de integración.

En municipios de Tenerife donde el acceso a recursos formativos es más limitado, esta integración adquiere una dimensión social evidente.

 

El primer contacto: miedo real frente a una pantalla

 

Hay una escena que María describe con claridad.

Personas que llegan al centro temblando. Que se sientan frente al ordenador y dicen:
“Yo es que no sé.”
“Yo es que tengo miedo de romperlo.”

Ese miedo no es técnico. Es emocional.

María insiste en que el proyecto está pensado para ir al paso de cada persona. No se trata de terminar rápido un trámite, ni de cumplir un temario a cualquier precio. Se trata de acompañar.

A veces no se completa la actividad ese día.  A veces hay que repetir.  A veces simplemente se avanza unos centímetros.

Pero entonces ocurre algo que ella identifica como el verdadero motor de su trabajo:

“La cara se ilumina.”

Y en ese instante entiende que el aprendizaje ya ha empezado.

 

Lo que diferencia a la Red ConecTen no es solo la formación

 

Cuando le preguntamos qué cree que marca la diferencia respecto a otras iniciativas, no menciona contenidos ni metodologías.

Habla del trato.

“El cariño con el que tratamos a las personas y las ganas con las que celebramos los pequeños logros es lo que nos diferencia.”

La Red ConecTen no es únicamente un espacio formativo. Es un entorno de acompañamiento. Un lugar donde equivocarse está permitido. Donde no se ridiculiza la duda. Donde el avance se celebra, aunque sea pequeño.

Los cuestionarios de satisfacción lo reflejan, pero más allá de los datos está la experiencia diaria: personas que vuelven, que recomiendan, que pierden el miedo.

En alfabetización digital, la confianza es tan importante como el contenido.

 

El momento que cambia todo: “Mañana lo vuelvo a intentar”

 

Hay una frase que, según María, resume el verdadero impacto del proyecto.

Cuando alguien intenta hacer solo un trámite digital, pedir cita previa, descargar la vida laboral,  y no le sale, pero añade:

“Mañana lo vuelvo a intentar”

Ese matiz es decisivo porque ya no hay bloqueo. Ya no hay renuncia. Hay persistencia.

“Se te ponen los pelos de punta”, reconoce.

Porque en ese momento no solo se ha enseñado un procedimiento. Se ha fortalecido la autonomía.

Y esa autonomía es la base de la inclusión digital real.

 

Historias que explican por qué esto importa

Mientras hablábamos, María compartía anécdotas que revelan la dimensión humana del proyecto.

En una clase sobre almacenamiento en la nube, un alumno comprendió por fin qué era “la nube” y cómo funcionaban las carpetas digitales. Lo celebró abrazándose a sí mismo. El aula rompió en risas.

En otra sesión, una usuaria que aseguraba que “el ordenador no le hacía caso” terminó sorprendida porque la clase se le había pasado volando. Estaban trabajando con Canva. No era una competencia básica de supervivencia digital, pero sí una experiencia que le permitió verse capaz.

Y luego está el caso que todavía emociona cuando lo recuerda: Luis.

Después de atravesar una etapa personal complicada, consiguió empleo porque ahora sabía manejar el ordenador y gestionar el almacén de una empresa. Volvió al centro para contarlo.

“Tengo trabajo.”

María y su compañera se miraron sabiendo que estaban a punto de llorar.

No era solo un empleo.  Era dignidad recuperada.

 

 

Competencias digitales en Tenerife: mucho más que formación

Reducir la brecha digital no trata únicamente de impartir cursos. Significa:

  • Aumentar la autonomía.

  • Mejorar la empleabilidad.

  • Facilitar el acceso a servicios públicos electrónicos.

  • Reducir la dependencia.

  • Generar confianza tecnológica.
     

En muchos municipios de Tenerife, especialmente los más pequeños, la digitalización ha trasladado trámites esenciales al entorno online. Sin competencias básicas, la exclusión se amplifica.

La Red ConecTen actúa como puente.

Pero también como espacio de innovación social en la isla. Porque no solo responde a necesidades actuales, sino que anticipa escenarios donde la tecnología será cada vez más central.

No se trata solo de enseñar a usar herramientas. Se trata de preparar a la ciudadanía para un entorno digital en constante evolución.

 

 

“Asistir es un acto de valentía”

Antes de terminar la conversación, le preguntamos qué le diría a alguien que todavía duda en acercarse a un centro.

Su respuesta fue clara.

Asistir al centro es un acto de valentía.

Reconocer que algo no se domina. Volver semana tras semana. Avanzar poco a poco.

Las sesiones duran dos horas y media. Tres semanas por módulo. Progresión gradual.

“Con un logro pequeñito como coger un ratón o con uno grande como enfrentarse a una entrevista de trabajo, todo será para celebrar” afirma.

Y esa celebración no es solo del usuario. Es compartida.

Porque, como resume María, formar parte de algo que mejora la vida de la población también transforma a quienes lo acompañan.

 

Personas trabajando para personas

 

Cuando la conversación terminó, quedó una idea clara. La transformación digital en Tenerife no es fría. No es automática. No es únicamente tecnológica.

Tiene rostro. Tiene nombre. Y tiene historias que comienzan con miedo y terminan con un “mañana lo vuelvo a intentar”.

María lo vive cada semana. Y quizá ahí esté la verdadera dimensión de la inclusión digital: en la capacidad de convertir la inseguridad en autonomía.